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Branding, Packaging
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Una trenza de dona ya comunica antes de probarla: su forma entrelazada, su textura y su aroma hablan de algo hecho con cuidado, cálido y familiar. Trushé parte de observar esas cualidades y convertirlas en el punto de partida del empaque.
La propuesta se diseña para contener, proteger, transportar, comunicar y exhibir el producto, pero también para acompañar la experiencia de comerlo. Vista, tacto, aroma y sabor se consideran como parte de un mismo recorrido, haciendo que el empaque no termine en lo visual, sino en la manera en que se abre, se sostiene y se descubre el pan.
El lenguaje formal nace del análisis de la propia trenza: su estructura, proporciones y textura se abstraen para construir una identidad que recuerda al producto sin representarlo de manera literal. A esto se suman las sensaciones que evoca —tradición, dulzura y calidez— para crear un sistema visual coherente con su esencia.
Trushé no busca envolver una trenza, sino continuarla: traducir su forma, su calidez y su carácter en una experiencia que comienza antes del primer bocado
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